Libertad con cargos para los dos jóvenes detenidos por los altercados contra María San Gil en la Universidad de Santiago. Tres horas de declaración ante un juez y para casita. Así de barato sale en España ejercer el fascismo es su pureza más extrema: con amenazas, insultos y violencia.

Santiago Barros y Sergio Piñeiro (que así se llaman los ‘valientes’) integran Agir, una plataforma independentista. Es evidente que los únicos culpables del lamentable suceso, que sólo produce indignación y pena, son ellos. Pero también lo es que el ambiente condiciona muchas veces los actos de las personas. Desde que el PSOE se vendió por enésima vez al independentismo para hacerse con la Xunta, los mensajes lanzados por el BNG, su socio de gobierno, no son nada alentadores y sólo sirven afianzar otro foco secesionista en España. La última ocurrencia de estos muchachos es la de votar en contra de una propuesta parlamentaria para que la selección nacional volviera jugar en un estadio gallego. Estos quieren que todo lo español produzca sarpullido y en ese fango se revuelcan unos cerdos capaces de agredir a una mujer como San Gil, que ha visto el asesinato de un amigo y compañero como Gregorio Ordóñez  a manos de un pistolero de ETA a escasos centímetros.

Lo que tocaría en estos casos es una justicia menos benévola con estos hijos del fanatismo nacionalista y un presidente que dedicara al menos un minuto de sus múltiples mítines para haberse solidarizado con una compañera de profesión, mujer, para más señas, tanto que presume de ser “feminista”, que tiene que vivir con un escolta de por vida. Si esto fuera un país serio, el Partido Socialista Obrero Español, se tendría que replantear eso de venderse a unos nacionalistas que, entre otras lindezas, no condenan el Holocausto.